La evolución de la tecnología siempre influye en los resultados económicos y sociales al determinar cómo las personas se organizan para producir bienes y servicios. Este proceso está puntuado ocasionalmente por discontinuidades tecnológicas, donde los cambios son abruptos. Estos períodos son llamados revoluciones industriales.

La llamada Cuarta Revolución Industrial es exactamente esto, un período de discontinuidad tecnológica. Pero ¿por qué es diferente de los períodos anteriores? La tecnología está cambiando mucho más rápido que antes. Los ciclos son más cortos y la obsolescencia se realiza mucho más rápido. El ritmo y la tasa de cambio están excediendo, hasta ahora, nuestra capacidad de adaptación. Además, la tecnología ha permitido la externalización de partes del proceso de producción y, por lo tanto, ha transformado la relación laboral, en muchos casos transfiriendo los riesgos del empleador al empleado. Finalmente, la actual ola de mejoras tecnológicas es capaz, cada vez más, de desarrollar máquinas que realicen el tipo de tareas que no creíamos susceptibles a la automatización: mientras estábamos acostumbrados a máquinas que reemplazaran el trabajo rutinario/predecible, ahora nos enfrentamos a la realidad de que los trabajos no rutinarios podrían ser realizados por robots.

Para comprender el problema, es importante tener en cuenta que cualquier ocupación se compone de un conjunto de tareas. Algunas de estas tareas son rutinarias, otras no rutinarias, algunas manuales y otras cognitivas. Por ejemplo, un abogado puede pasar mucho tiempo haciendo trámites (es decir, una tarea rutinaria), pero la ocupación requiere una cantidad significativa de razonamiento (es decir, una tarea cognitiva). Esto es importante porque las máquinas reemplazan tareas, no trabajos. Por ejemplo, el empleo en servicios de limpieza no desapareció debido a la introducción de la aspiradora. Los empleados en el sector de la limpieza, en cambio, pasaron a dedicarle menos tiempo a barrer y reasignaron su tiempo a otras tareas de limpieza (quizás más productivas). Esto se da porque el conjunto de tareas que componen esa ocupación es diverso y contiene algunas no rutinarias que no son fácilmente reemplazables. Ahora, consideremos el caso paradigmático de los y las cajeras de banco. Dado que el trabajo es muy intenso en tareas rutinarias (en pocas palabras, sacar dinero de las cuentas) fue fácilmente reemplazado por cajeros automáticos.

De hecho, se ha documentado en gran medida que, en los países desarrollados, la proporción de trabajos intensivos en tareas rutinarias (generalmente asociados con empleos de “calificación media”) ha disminuido, mientras que la de los trabajos intensivos en tareas no rutinarias, tanto manuales como cognitivas (generalmente asociada con empleos de "baja calificación" y "alta calificación", respectivamente), se han incrementado en un fenómeno conocido como polarización del empleo. Se puede observar este fenómeno en los países del G20 en el gráfico.

En los países de América Latina y el Caribe (ALC), sin embargo, no observamos este patrón de polarización del empleo tan claramente. En general, la proporción del empleo en las ocupaciones de alta calificación ha ido aumentando lentamente, mientras que la proporción del empleo de calificación media ha ido disminuyendo lentamente. Sin embargo, esto está ocurriendo a una menor tasa en comparación a lo que observamos en los países del G20. La proporción del empleo en ocupaciones de baja calificación se ha mantenido más o menos constante. El promedio regional para ALC, sin embargo, esconde mucha heterogeneidad. En Belice, por ejemplo, el empleo de calificación media ha aumentado mucho a costa del empleo altamente calificado. Uruguay, por otro lado, parece mostrar un patrón más alineado con la teoría de la polarización del empleo.

Unas pocas palabras de precaución en este punto. Primero, la región es conocida por tener acuerdos laborales altamente informales, que podrían estar asociados con una adopción lenta de la tecnología y, por lo tanto, un proceso lento de polarización del empleo (si es que existe) en comparación con el de las economías del G20. Segundo, no se puede inferir de este argumento que los salarios altamente calificados están aumentando en los países de ALC. De hecho, la evidencia sugiere lo contrario (ver Rodríguez-Castelán et al, 2016). Finalmente, es importante tener en cuenta la distinción entre viabilidad técnica y económica. Incluso si la tecnología pudiera reemplazar algunas tareas, las empresas podrían elegir no hacerlo debido al costo o baja rentabilidad.

De hecho, la adopción de nuevas tecnologías y su impacto final en los países de ALC dependerá de las estructuras ocupacionales de los países y de cómo los gobiernos y los actores del sector privado reaccionan al nuevo entorno. Como la tecnología sustituye las tareas rutinarias y complementa las tareas no rutinarias y cognitivas, el desafío de la política pública es garantizar que los trabajadores tengan las habilidades apropiadas, como el pensamiento crítico, el razonamiento, las capacidades analíticas e interpersonales que las máquinas no tienen por el momento. Los países necesitarán adaptar políticas educativas, que cubran desde la educación formal hasta la capacitación en el trabajo. La política fiscal también es clave como medio para redistribuir las ganancias de productividad derivadas de las mejoras tecnológicas. Sin embargo, debe tenerse en cuenta que imponer impuestos a los robots podría desalentar su adopción y resultar en una oportunidad perdida para aumentar la productividad.

Existe un equilibrio difícil de alcanzar, en el contexto complejo de circunstancias inciertas y el temor de que una gran parte del empleo esté bajo amenaza. Sin embargo, es importante tener en cuenta que no observamos un aumento persistente en el desempleo alrededor del mundo. Esto indica que el trabajo se está reasignando hacia nuevas ocupaciones e incluso a sectores completamente nuevos. Esto requiere políticas que preparen a los trabajadores para que puedan acomodar el progreso tecnológico y adaptarse rápidamente al cambio. De lo contrario, corremos el riesgo de que las máquinas nos digan "Hasta la vista, baby".

**Arnold Schwarzenegger en Terminator 2    

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