Históricamente, la demografía ha sido una determinante estructural fundamental de los procesos económicos y sociales ya que las transiciones demográficas van acompañadas de cambios importantes en la estructura económica y la organización social de los países. En América Latina y el Caribe, desde al menos la década de 1960, la proporción de la población mayor de 65 años en la región se ha más que duplicado. Al mismo tiempo, la proporción que tiene entre 20 y 34 años, es decir, la población joven, se estancó durante veinte años hasta 2010, momento en que comenzó a disminuir lenta pero firmemente.

De hecho, las tasas de fertilidad y mortalidad han disminuido en la región, lo que ha resultado en un proceso de envejecimiento que tiene implicancias para la economía y la sociedad. Esto, por cierto, está en línea con una tendencia que se está dando en todo el mundo a medida que el proceso de crecimiento económico conduce a cambios en las decisiones de los hogares. Este #GraphForThought tiene como objetivo explorar algunas implicancias de este cambio demográfico en el desempeño económico.

La pirámide poblacional de ALC se parece cada vez menos a una pirámide real, y más a una campana o potencialmente a un diamante. Si esta tendencia y este ritmo continúan, en 2060 habrá más latinoamericanos mayores de 65 años que jóvenes (de 20 a 34 años). Este cambio demográfico cambiará los patrones de consumo de bienes y servicios, creará nuevos mercados y, quizás lo más importante, afectará los mercados laborales, las estructuras fiscales y la economía en general.

Cuando la población envejece, ello tiene un impacto en el producto per cápita a través de tres canales diferentes según la literatura económica. Primero, al cambiar la fracción de la población que está activa en el mercado laboral (a medida que los trabajadores mayores se jubilan), la producción debería caer mecánicamente a menos que haya un cambio en la estructura productiva. Por ejemplo, aumentar el capital por trabajador (ya que hay menos trabajadores), podría compensar el primer efecto. El aumento de la productividad es la otra opción de compensación, ya que la escasez inicial podría inducir innovación tecnológica, que también podría compensar el primer efecto negativo. En todos los casos, esto implica básicamente que las economías deberían ser más productivas antes de que las sociedades envejezcan.

¿Cuál es la situación de la productividad y la demografía en ALC? La Figura 2 muestra la tasa de crecimiento del PIB per cápita frente a la tasa de crecimiento de la proporción de población mayor de 65 años (en ambos casos observamos variaciones a veinte años). Los datos revelan que, en la superficie, hasta 1996 el envejecimiento se asoció negativamente con el crecimiento y que a partir de 1997 la asociación se volvió ligeramente positiva. Estos dos períodos están separados por el estallido de la crisis del Tequila (1994) y la crisis financiera asiática (1997), los cuales tuvieron efectos contagiosos en la región y coinciden con el estancamiento en el crecimiento de la proporción de trabajadores jóvenes.

Ahora, ¿qué significa esto para una región como ALC? De acuerdo con la teoría descrita anteriormente, implicaría que el aumento de capital por trabajador o la Productividad Total de Factores (PTF) (o una combinación de ambos) contrarrestaron el efecto negativo de una fuerza laboral más pequeña. Sin embargo, hay muchas pruebas de que la PTF en ALC está estancada. Por lo tanto, es probable que el aumento de capital por trabajador sea la razón por la cual no disminuimos las tasas de crecimiento del PIB per cápita. 

Ciertamente, esta no es una conclusión definitiva sobre el asunto, sino una invitación a pensar sobre los desafíos y las oportunidades que podría traer una población que envejece, y sus implicaciones para la inclusión, la productividad y la resiliencia en la región.

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