"No me juzguen por mi éxito, júzguenme por cuántas veces me caí y volví a levantarme". Nelson Mandela

La resiliencia, como se enfatizó en un #GraphForThought anterior, es la capacidad de volver a un camino predeterminado de desarrollo en el menor tiempo posible después de sufrir un shock adverso. A nivel macro, la capacidad de recuperación de un país depende de su capacidad y disposición para adoptar medidas de política destinadas a suavizar el consumo durante crisis económicas que afectan el PIB y, en última instancia, el bienestar de los hogares.

Consideremos la crisis económica mundial que se desencadenó por el colapso de Lehman Brothers en Septiembre de 2008. Como resultado de esta crisis que se esparció desde Wall Street hacia el resto del mundo, el flujo del PIB (el valor total de los productos y servicios negociados en un año o, equivalentemente, la suma de los ingresos de todos los individuos) de la mayoría de los países cayó. En América Latina, este episodio puso término a la  senda de crecimiento constante que muchos países de la región habían experimentado en años previos debido al llamado boom de los commodities y los términos de intercambio extremadamente favorables (el precio de las exportaciones de un país en relación con sus importaciones) que produjo.

En este contexto, una forma de medir la resiliencia a nivel macro de un país es contando el número de trimestres en los que el nivel del PIB estuvo por debajo que el del trimestre anterior (es decir, crecimiento negativo) después de la crisis de 2008. Este #GraphForThought muestra cómo evoluciona este número para una muestra de países de ALC desde el comienzo de la crisis en 2008 hasta finales de 2015 (un total de 31 trimestres). Los resultados muestran que, en promedio en ALC, los países estuvieron 13 de los 31 trimestres en crecimiento negativo, es decir casi la mitad del período. Sin embargo, los resultados varían entre países. En un extremo, Argentina estuvo 21 trimestres con crecimiento negativo (alrededor de dos tercios del período) mientras que en el otro extremo, Guatemala y Venezuela estuvieron sólo 7 trimestres con crecimiento negativo (menos de un tercio del período).

¿Por qué la resiliencia macro es relevante para el bienestar a nivel de los hogares? Porque cuando se produce una crisis económica, los hogares y  gobiernos suelen reaccionar recortando inversiones en áreas clave como salud o escolarización. Este puede ser el caso si los hogares no pueden suavizar su consumo (por ejemplo, recurriendo a sus reservas de ahorros durante períodos de dificultades económicas) o si los gobiernos no implementan políticas fiscales contracíclicas (por ejemplo, permitiéndoles recurrir a ahorros o deudas para gastar más en tiempos de recesión). En consecuencia, aspectos relacionados con el bienestar de la vida de las personas pueden empeorar. Incluso cuando los niveles de salud o educación vuelven a niveles pre-crisis, es importante recordar que puede haber efectos más permanentes para ciertos grupos (o cohortes) dentro de la población que se ven especialmente afectados por el shock. Por ejemplo, un estudio sobre los impactos en la salud de la crisis económica de 1980 en Perú estima que hubo un aumento de 2.5 puntos porcentuales en las tasas de mortalidad infantil para los niños nacidos durante la crisis (lo que significa que 17.000 niños más murieron que los que hubieran muerto en ausencia de la crisis). Del mismo modo, un estudio en Brasil estima que un shock de desempleo para el jefe (masculino) de familia aumenta significativamente las posibilidades de que un niño tenga que ingresar a la fuerza laboral y tenga peores resultados escolares (abandono o no avance).

Si bien podría ser demasiado pronto para sacar conclusiones sobre los efectos de la crisis de 2008 en el bienestar de los hogares, las lecciones de crisis pasadas son válidas: las políticas que permiten a los gobiernos minimizar el impacto de shocks macro sobre variables micro, como salud o educación son fundamentales para fortalecer la resiliencia. En particular, a nivel macro políticas anticíclicas pueden desempeñar un papel importante para ayudar a los países a recuperarse rápidamente. Vale la pena mencionar dos ejemplos de la región durante la crisis de 2008. En el caso de Colombia, el banco central tenía suficiente espacio para bajar las tasas de interés (que eran altas debido a la alta inflación del país en ese momento) lo que les permitió aplicar una política monetaria sólida (similar a lo que hizo Estados Unidos). En el caso de Chile, el país tenía una regla fiscal que permitía al gobierno gastar fuertemente en períodos de crisis (y lo obligaba a ahorrar durante los auges) que le ayudó al país a recuperarse rápidamente utilizando política fiscal.

Sin embargo, es importante recordar que políticas como las reglas de equilibrio fiscal mencionadas aquí no son suficientes por sí solas para generar resiliencia. La gobernanza efectiva es una condición previa necesaria para garantizar que los países puedan comprometerse con este tipo de objetivos a largo plazo en la práctica. Consideremos, por ejemplo, la diferencia entre Chile y Mongolia (una comparación estudiada en el Informe sobre el desarrollo mundial 2017). Si bien ambos países introdujeron reglas fiscales similares para gestionar las fluctuaciones en el precio de sus recursos naturales (que representan aproximadamente entre el 8 y el 30 por ciento de sus ingresos fiscales, respectivamente), en la práctica solo los patrones de gasto de Chile son contracíclicos. Por lo tanto, la sola adopción de políticas que han demostrado su eficacia en otros lugares no garantiza nada: deben ser implementadas por actores dispuestos a aceptar y seguir las reglas para ser creíbles y exitosas.

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