Mientras los gobiernos de los países de América Latina y el Caribe (ALC) luchan contra el COVID-19 a través de diversas formas de cuarentena, con un costo enorme y desigual en la actividad económica, efectos secundarios como una menor contaminación empiezan a hacerse visibles, los que se convierten en oportunidades para construir un desarrollo más limpio durante la recuperación. A medida que las personas han atendido a los llamados de #QuedateEnTuCasa, las calles se han vaciado y las fábricas han restringido sus operaciones, ya sea por restricciones de la autoridad o porque anticipan una menor demanda, la calidad del aire en algunas de las ciudades más contaminadas de ALC ha mejorado. A medida que el control de la pandemia se convirtió en una prioridad, la economía entró en un "coma inducido", en un experimento nunca visto en la historia económica moderna.

Este #GraphForThought muestra el alcance de este "efecto cuarentena" en ocho grandes ciudades de ALC comparando el valor mediano de la concentración de PM2.5 registrado cada día de 2020 con el registrado en la fecha más cercana en 2019, haciendo corresponder cada día de la semana. Las partículas en suspensión PM2.5 son un tipo de partículas microscópicas de 2.5 micrómetros suspendidas en el aire que, en altas concentraciones (más de 35 microgramos por metro cúbico de aire (μg/m3)), puede ser peligrosa para la salud y es usada ampliamente para medir la calidad del aire.

Lo que vemos en las figuras es que después de que se establecieron las cuarentenas (indicadas por las líneas verticales), la concentración mediana de PM2.5 registrada cada día cayó en la mayoría de las ciudades. En Bogotá, una ciudad con una población de 7,5 millones de personas sin una red de metro, la diferencia en la calidad del aire entre 2019 y 2020 alcanzó los 34 μg/m3 dos semanas después de que se anunciara la cuarentena, lo que equivale a aproximadamente la mitad de la mediana promedio de 2020. En Cochabamba, donde el gobierno local comenzó a prohibir la circulación de personas el 16 de marzo, el efecto positivo en la calidad del aire es notable (aún más considerando que antes de decretar la cuarentena los niveles de 2020 eran más altos que los de 2019); en Lima, la concentración de partículas de PM 2.5 también disminuyó después de la cuarentena nacional en Perú, aunque se observa un breve repunte alrededor del 2 de abril, probablemente por el permiso para salir a la calle basado en el género de las personas, el que fue cancelado 8 días después. En la Ciudad de México, una de las ciudades más densamente pobladas y contaminadas de ALC, la calidad del aire no ha mejorado, probablemente debido a medidas de contención menos estrictas. En Quito, la concentración mediana promedio después de la cuarentena parece ser menor, aunque los picos diarios alcanzan los de 2019 en algunos casos. En San Salvador, no hay evidencia de una mejora en la calidad del aire ya que incluso antes de la cuarentena, la concentración de partículas de PM 2.5 era menor este año que el pasado. En Santiago, la calidad del aire ha mejorado, aunque no en la medida observada en otras ciudades de la región, probablemente porque la cuarentena original se aplicó selectivamente a ciertos municipios dentro del área metropolitana. Finalmente, en São Paulo la calidad del aire también parece ser mejor después de la cuarentena declarada por el Gobernador, ya que la concentración de PM 2.5 es más baja que en 2019 (lo cual resulta particularmente revelador ya que la contaminación de 2020 era mayor antes de la cuarentena).

Esta no es una noticia trivial. Todo lo contrario: considerando, por ejemplo, que cada año 14 mil muertes en México y 3.5 mil muertes en Chile están asociadas con la contaminación del aire, la calidad del mismo es muy relevante para la salud de nuestra población. Además, en el contexto de la pandemia, esta evidencia sugestiva adquiere un mayor significado ya que según dos estudios recientes, la exposición a largo plazo a altos niveles de concentración de partículas PM 2.5 se asocia con tasas de mortalidad más altas de COVID-19 en EEUU e Italia. Esto implica que la letalidad del virus en nuestra región podría ser especialmente alta dados los niveles de contaminación de varias grandes ciudades.

La mejora en la calidad del aire observada en los países que actuaron rápidamente implica que los países que tomaron medidas más tarde también podrían observar menor contaminación (por ejemplo en Santiago, donde se anunció un cierre de toda la ciudad el 13 de mayo después de un explosivo aumento en el número de casos nuevos). Sin embargo, también plantea la cuestión de si después de que se levanten las medidas, la calidad del aire empeorará nuevamente y lo que estamos observando ahora es sólo un efecto de corto plazo sin consecuencias duraderas reales, un temor agravado por el hecho de que algunos gobiernos podría verse tentados a relajar ciertas medidas de protección del medio ambiente como una forma de combatir la crisis económica producida por la pandemia.

Detener la actividad económica es un precio demasiado alto por un aire más limpio. No obstante, hay lecciones que sacar de este experimento no buscado. Volver a una nueva normalidad con un modelo de crecimiento altamente dependiente de combustibles fósiles, ignorando medidas contra el cambio climático y el capital natural como un motor para la recuperación, sería perder una oportunidad. La crisis actual nos ha hecho más conscientes de la presión que la actividad económica y el consumo humano imponen a la naturaleza y una “recuperación limpia” podría convertirse en nuestra vía de desarrollo. La acción climática y el capital natural deben estar en el centro de una nueva normalidad económica y socialmente sostenible.

 

 

 

 

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