A medida que COVID-19 se ha expandido por todo el mundo, se ha vuelto cada vez más claro que los impactos en la salud del virus están siendo moldeados por importantes factores sociales, económicos, ambientales y políticos. En este sentido, el Dr. Richard Horton (editor en jefe de la destacada revista médica The Lancet) argumentó recientemente que, de hecho, no deberíamos pensar en el COVID-19 como una pandemia, sino más bien como una “sindemia”.

El concepto de “sindemia” va más allá de una conceptualización puramente biológica de la enfermedad para considerar también el contexto social más amplio en el que interactúa. Como lo describen Singer et al (2017), “las sindemias involucran la interacción adversa entre enfermedades y condiciones de salud de todo tipo (por ejemplo, infecciones, enfermedades crónicas no transmisibles, problemas de salud mental, condiciones de comportamiento, exposición a tóxicos y desnutrición) y son más probable que surjan en condiciones de desigualdad en salud causadas por la pobreza, la estigmatización, el estrés o la violencia estructural”.

En el contexto del COVID-19, esto es particularmente importante, ya que se ha encontrado que las condiciones de salud subyacentes se asocian con peores resultados de salud del COVID-19 (es decir, mayor riesgo de hospitalización, ingreso en la UCI o muerte). Si bien todavía es demasiado pronto para conocer el grado completo en el que las diferentes condiciones de salud interactúan con COVID-19 en diferentes contextos, existe un amplio consenso en que las importantes enfermedades no transmisibles (ENT) (como diabetes, enfermedades cardiovasculares, enfermedades respiratorias y cáncer) y los factores de riesgo claves asociados con ellos (como la obesidad, el tabaco, el consumo de alcohol, la inactividad física y la contaminación) son motivo de especial preocupación.

De hecho, el recientemente publicado Estudio de Carga Global de Enfermedades encuentra que “la interacción del COVID-19 con el continuo aumento global de enfermedades crónicas y factores de riesgo relacionados... durante los últimos 30 años ha creado una tormenta perfecta, incrementando las muertes por COVID-19". Utilizando los datos de este estudio, este #GraphForThought se enfoca en la región de ALC para ver cómo las principales ENT y los factores de riesgo de las ENT han ido cambiando en las últimas décadas, preparando el escenario para un riesgo de COVID-19 potencialmente elevado.

Los gráficos muestran cómo la prevalencia de ENT (medida como casos totales por 100.000 habitantes) y la exposición a factores de riesgo de ENT (medida por un valor de exposición resumido que varía de 1 a 100) han cambiado durante el período 1990-2019. Podemos ver cómo las tendencias en la región de ALC (azul oscuro) se comparan con las tendencias globales (verde) y las tendencias de la OCDE (rosa); así como las tendencias únicas para países individuales de ALC (gris). Hay que tener en cuenta que se puede ver a qué país se refiere cada línea colocando el cursor sobre el punto de datos.

En primer lugar, es importante señalar la amplia heterogeneidad en la región, como lo muestra la dispersión de las líneas grises. Si bien la dirección general de las tendencias es similar en los países de ALC (aumentando o disminuyendo), los niveles son muy diferentes, particularmente en el caso de la diabetes, la contaminación del aire y la obesidad. Si observamos la dirección de las tendencias a lo largo del tiempo, vemos una prevalencia general creciente de ENT (esperada para enfermedades respiratorias crónicas) y vemos cambios mixtos en la exposición a factores de riesgo (disminución de la exposición a la contaminación del aire y tabaquismo; cambio mínimo en la baja actividad física y aumento de la exposición al consumo de alcohol y la obesidad).

Las tendencias en ALC tienden a ser paralelas a las tendencias globales y de la OCDE; y ALC tiende a superar a los países de la OCDE. Sin embargo, en comparación con el agregado global, ALC tiene un peor desempeño en términos de diabetes, obesidad, baja actividad física y consumo de alcohol. En particular, el rápido aumento de la diabetes y la obesidad en la región de ALC es preocupante, con niveles extremadamente elevados en varios países (principalmente en el Caribe).

 

 

 

 

Este aumento de la obesidad y la diabetes se asocia a menudo con la transición de los países a una situación de ingresos medios, ya que el crecimiento económico, la globalización y la urbanización aceleradas fomentan cambios en la dieta y el estilo de vida de las personas. Sin embargo, estas tendencias agregadas también podrían estar ocultando una segunda historia de carga cambiante de morbilidad dentro de los países de ALC.

Como reconoce un estudio reciente sobre los patrones cambiantes de la obesidad en la región de Jiwani et al (2019): "aunque la obesidad se ha considerado durante mucho tiempo una condición de la élite y una marca de riqueza, la literatura publicada en la última década sugiere que ya no puede atribuirse a un nivel socioeconómico más alto". Utilizando datos de 13 países de ALC, los autores encuentran que si bien la prevalencia de la obesidad está aumentando en la región en general, los “mayores aumentos se han producido entre los residentes rurales y los grupos más desfavorecidos”. La interacción de la desigualdad y las ENT es particularmente preocupante en una región como ALC, que está marcada por algunos de los niveles más altos de desigualdad en el mundo.

Las comunidades marginadas enfrentan limitaciones únicas para lograr mejores resultados de salud, como el acceso limitado a dietas saludables, mayor estrés por cargas financieras o situaciones de violencia, acceso limitado a la atención médica o acceso limitado a áreas seguras para hacer ejercicio. En el contexto del COVID-19, esto genera preocupación por mayores impactos adversos en la salud en comunidades ya marginadas, ya que estas son también las mismas comunidades que tienen menos probabilidades de poder quedarse en casa dada la necesidad de seguir trabajando (a menudo en trabajos que no se pueden realizar de forma remota), y más probabilidades de estar viviendo en condiciones de vivienda que tienen acceso limitado a servicios sanitarios para lavarse las manos o habitaciones demasiado pequeñas para lograr el distanciamiento social.

Por lo tanto, la capacidad para abordar COVID-19 no es solo una cuestión de la capacidad del sector de la salud de un país, sino también una función de las vulnerabilidades de salud subyacentes de la población. De esta manera, encontrar soluciones al COVID-19 en ALC requerirá ir más allá de las intervenciones médicas para abordar también las disparidades sociales estructurales que han hecho que ciertas poblaciones sean más vulnerables en primer lugar. De hecho, es una cuestión de gobernanza. Como señala el Dr. Horton, “la búsqueda de una solución puramente biomédica para COVID-19 fracasará. A menos que los gobiernos elaboren políticas y programas para revertir disparidades profundas, nuestras sociedades nunca serán verdaderamente seguras contra el COVID-19... Abordar al COVID-19 como una sindemia invitará a una visión más amplia, que abarque la educación, el empleo, la vivienda, la alimentación y el medio ambiente.”

 

 

 

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