El impacto del coronavirus en pequeños negocios en el centro de Torino, Italia - marzo de 2020.

¿Quién hubiera pensado que algo que es invisible al ojo humano podía parar toda una población, toda Europa, todo el mundo?

COVID-19 se contagia muy rápido, mucho más rápido de lo que tardas en convencerte de que la única solución para combatirlo es quedarse en casa.

Estoy encerrada en mi cuarto, trabajando a distancia desde Italia. Desde la mañana hasta la tarde, estoy conectada a la televisión y a las noticias, y a cada boletín de la protección civil, pero no obstante las medidas drásticas, todavía los números no bajan, y no sabemos si ha llegado el pico de la epidemia o no.

Luego veo lo que le está pasando a España, lo que le está pasando a Francia, y es una película que ya he visto. Al principio todo el mundo sigue su vida, quizás pensando erróneamente “es solo una gripe, no pasa nada”. Pero luego la gente empieza a ver que los números suben, que los hospitales se desbordan, que la gente empieza a morir, y eso se vuelve en una cosa seria.

Ha entrado en nuestras vidas

Y sigue en mi cabeza esa imagen de algo minúsculo e invisible que nos ha parado. Ha entrado en nuestras vidas, en nuestra intimidad, identidad, nos ha quitado los abrazos, los saludos, nos ha vuelto rígidos, encerrados, silenciosos. Y ese silencio es un silencio surreal, porque nadie sabe exactamente lo que va a pasar después.

Soy de un pequeño pueblo de Calabria, una hermosa región del sur de Italia donde la gente viene a casarse. Pero todas las bodas del mes de marzo y abril han sido canceladas, los hoteles están cerrados, las tiendas han bajado las persianas, ni un bar está abierto. Todo está parado. Italia es un país hecho de pequeñas-medianas empresas gestionadas por familias, esa ha sido y es nuestra fuerza, y cuando un comercio se para, se para una familia, se para el ingreso de todos. En esa cadena de incertidumbre, si se paran los ingresos habrá que tomar decisiones sobre los trabajadores dependientes, sobre cómo pagar a los proveedores, sobre cómo relanzar la imagen de nuestro país, que vive de turismo y exportaciones, que hoy ha sido tan golpeado, adonde casi no hay más vuelos que llegan.

Tendremos que levantarnos

El gobierno ha anunciado las primeras medidas para ayudar las pequeñas empresas: avalar los créditos, hacer ERTES (restructuraciones temporales de empleo) laborales, retrasar el pago de los impuestos. Lo único que nos da esperanza es que esta crisis, por brusca que sea, será temporal y tendremos que levantarnos.

Y de aquí de mi escritorio, vuelo con la mente a América Latina y Caribe, adonde he trabajado y sigo trabajando desde hace más de 13 años, y pienso en nuestros Informes sobre Desarrollo Humano, y cómo podemos ayudar los más vulnerables a levantarse de ese shock. Los sistemas nacionales de salud públicos no tienen mucha capacidad, y muchas familias tendrán que ser apoyadas porque los cuidados médicos les hará caer otra vez en la pobreza. Los trabajadores perderán sus empleos por la crisis, y la presión sobre las mujeres será aún mayor con los niños fuera de la escuela.

Cuidar de los más vulnerables

Esta crisis que no tiene frontera y que requiere de mucha unión, pone a la luz las debilidades estructurales de los países que, si no han trabajado para reducir las desigualdades, hoy se encontrarán con decisiones muy difíciles de tomar, con recursos muy limitados para cuidar de los más vulnerables.

Levantarnos de esta crisis será un desafío enorme para todos y todas. Como pasó con los ataques terroristas del 11 de septiembre de 2001, el CODIV-19 cambiará la manera en el cual vamos a mirar el mundo, porque al estar encerrados por muchos días, nos damos cuenta de cuán vulnerables e interconectados estamos.  Vemos los valiosos que son los servicios públicos accesibles a todos, y cómo un sistema tributario eficiente es necesario para que hoy podamos pagar los salarios de todos los médicos, enfermeras, miembros de la protección civil, y tomadores de decisiones que, luchando contra el tiempo, están salvando vidas, garantizando un derecho vital, aquel de la salud y del bienestar.

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