La población indígena constituye uno de los grupos de mayor vulnerabilidad social en el mundo.

Nota: Este blog forma parte de Lustig, N. & Tommasi, M. (2020). El COVID-19 y la protección social de los grupos pobres y vulnerables. UNDP. (Próximo a ser publicado)

 

La población indígena constituye uno de los grupos de mayor vulnerabilidad social en el mundo. Hay diversos instrumentos que reconocen sus derecheros y otorgan protección por esta condición[1]. Las Naciones Unidas han hecho numerosas observaciones, expresando preocupación por los niveles de morbimortalidad y mortalidad más desfavorables y poniendo en evidencia “un daño acumulativo y más intenso entre los pueblos indígenas” (CEPAL). Las epidemias ‘del pasado’ siguen siendo una amenaza para las comunidades hoy en día como la tuberculosis que tiene alta prevalencia en comunidades indígenas.“La situación de salud de los pueblos indígenas por enfermedades infecto-contagiosas introducidas ya es grave debido a su alta prevalencia y el muy deficiente servicio de salud. El coronavirus agravaría más esta situación”, dice la antropóloga peruana Beatriz Huertas.

El impacto de las crisis pone de manifiesto el grado de vulnerabilidad de ciertas poblaciones que además de tener peores condiciones de vida tienen mayor sensibilidad ante los impactos de las crisis. Algunos análisis preliminares ya estiman un alto impacto en la desigualdad por la crisis del Covid-19 que repercute de manera más gravosa en la población de menores ingresos. Particularmente la situación de los pueblos indígenas en la mayoría de los aspectos es mucho peor que la de otras personas no indígenas con características similares, como el mismo nivel de educación, edad, lugar de residencia rural o urbana, tipo de trabajo y las tipologías de hogar, lo que apunta a que existen barreras que los afectan de manera diferenciada y excluyente. Un antecedente que puede servir es el impacto de la gripe H1N1 que mostró un impacto mucho mayor en comunidades indígenas en Nueza Zelanda, Australia y Canadá. Si bien las cifras son inciertas para el contexto latinoamericano la mortalidad por la Influenza y H1N1 fue entre 4 y 7 veces mayor en las poblaciones indígenas. Esto se debe a que tener poco acceso a medios de sanitización, hacinamiento entre otros factores aumentan la morbilidad y las malas condiciones de salud los vuelve una población de alto riesgo de mortalidad por epidemias.

Por el momento, hay pocos casos de indígenas que se han contagiado el virus, pero hay una alta preocupación por el avance de este virus. Varias comunidades han decidido aislarse y han requerido a los gobiernos que impidan el acceso de foráneos a las comunidades. Esta ha sido también la recomendación de algunos médicos y antropólogos. Si bien se ha manifestado preocupación por el impacto económico, las consecuencias en la salud de la pandemia podrían destruir comunidades que ya se encuentran en un estado de mucha fragilidad.

Situación comunidades indígenas

Respecto a la situación de las comunidades indígenas cabe dedicar unas líneas sobre su situación. Las comunidades indígenas son muy distintas, incluso cada país define de manera distinta a estas poblaciones. Aun existiendo determinadas similitudes entre los pueblos indígenas de América (relaciones con la madre naturaleza, la carga de la exclusión) la situación es distinta en cada país con diferentes proporciones de población indígena. “Es importante tomar esto en consideración y utilizar las estadísticas con cautela” (PAHO). Gran parte de estas dificultades tiene que ver con que las comunidades se encuentran marginadas y hay pocos representantes propios. Incluso, se encuentra una gran dificultad para captar los resultados obtenidos en las pasadas décadas para obtener visibilidad e implementar soluciones de salubridad por parte de referentes indígenas.

La población indígena en América Latina es de aproximadamente 50 millones de personas pertenecientes a 500 etnias distintas. La mayor población (en términos absolutos y relativos) se encuentra en México, Guatemala, Perú y Bolivia. En total, la población indígena representa el 8% de la población de la región. No obstante, conforman el 14% de los pobres y el 17% de los extremadamente pobres. La pobreza material afecta al 43% de los hogares indígenas de la región, o sea, duplica la proporción del resto de la población; y, la pobreza extrema es 2,7 veces mayor.

De acuerdo a las estadísticas del Banco Mundial el 48% vive en una región urbana, pero este porcentaje cambia mucho de acuerdo al país. Las comunidades en concentraciones urbanas presentan mejores condiciones de vida en general. No obstante, la migración urbana también los expone a una mayor marginación teniendo escaso acceso a las tierras.

La situación de empleo para las comunidades indígenas enseña una prevalencia en la precarización y empleos de baja calificación. La escasa incorporación de las comunidades indígenas se ha dado mediante este tipo de vínculo, producto de ver su modo de subsistencia amenazado por el cambio climático. Los pueblos indígenas reciben una carga desproporcional de los impactos negativos del cambio climático. Por ejemplo, los pueblos indígenas del Gran Chaco, procuraron ser incorporados como mano de obra para el desarrollo de las actividades extractivas basados en el trabajo asalariado precario y estacional en combinación con actividades de caza y recolección.

En cuanto al acceso a la educación, vemos que hay un aumento en la escolarización en todo Latinoamérica producto de la construcción de escuelas en las comunidades. No obstante, las poblaciones indígenas constituyen el grupo con menor acceso. En Brasil menos del 1% de la población indígena accede a educación superior, 2,1% escuela secundaria y 20,5% a educación primaria en las comunidades. Las diferencias en acceso a la educación son muy inferiores respecto al resto de la población, y muy diversas entre las comunidades, como por ejemplo las comunidades mapuches en Argentina poseen un acceso a educación superior del 15% mientras que las comunidades wichi en el norte un 0,5%. Población con mayor deserción producto de trabajo y explotación infantil.

La situación de la salud, es realmente frágil como enseña la siguiente cita:

“Las cifras de estudios locales, muestran la mayor incidencia en los pueblos indígenas de enfermedades trazadoras de inequidad, como la tuberculosis; también una mayor mortalidad materna e infantil, embarazos no deseados y abusos sexuales derivados de la violencia estructural; la incidencia de enfermedades crónicas producto de la contaminación ambiental y las industrias extractivas; los problemas de salud mental que afectan principalmente a los jóvenes indígenas, como las altas tasas de suicidio de personas indígenas registradas en varios países de la región. La discriminación estructural que afecta a los pueblos indígenas, junto con el empobrecimiento derivado del despojo sistemático de sus territorios y la pérdida de las formas de vida tradicionales, además de los obstáculos para la participación política y el racismo persistente, tienen un fuerte impacto negativo sobre la salud de los pueblos y las personas indígenas”. (CEPAL)

La población indígena cuenta con menor acceso a servicios de salud: 50% de los adultos indígenas de más de 35 años de edad padece diabetes tipo 2, una esperanza de vida de 20 años menos, mortalidad infantil de 3 a 5 veces mayor que el resto de la población en Venezuela y Brasil. La ONU ha advertido particularmente sobre la falta de erradicación de enfermedades epidemiológicas como la tuberculosis.

En cuanto al alcance de las políticas públicas observamos que es fundamental la inclusión de las comunidades indígenas en el proceso de tomas de decisión. Además de recibir poca inversión del estado, la falta de incorporación de estas comunidades y el reconocimiento de la diversidad cultural han significado el fracaso de muchas de las políticas implementadas. La falta de protección medioambiental por parte del estado genera el empeoramiento de las condiciones vinculadas a la desnutrición y mal nutrición, parasitosis endémica, diabetes, y problemáticas vinculadas al uso de productos altamente tóxicos y contaminantes utilizados por las empresas agropecuarias para la producción.

 

Escenario de impacto de la pandemia

Dadas las condiciones en las que viven estas comunidades el Covid-19 es una real amenaza. Desde las malas condiciones de salud, hacinamiento a la falta de acceso a medios adecuados de sanitización. Las comunidades han recibido correctamente información de la pandemia y manifiestan una gran preocupación. Principalmente, las tribus no contactadas o de escasa relación son las más vulnerables ante ese fenómeno. El 95% de la población indígena de Latinoamérica se redujo en 300 años producto de las enfermedades contagiadas por colonizadores. Este un fenómeno que persiste y preocupa a las comunidades que han tenido contacto de manera reciente y han sufrido como consecuencia una epidemia. La combinación de Coronavirus con otras patologías como la tuberculosis que tiene alta prevalencia presenta una alta mortalidad.

Respecto a las percepciones hay diversas agrupaciones que se han manifestado y existen distintos testimonios en los medios. La preocupación por las enfermedades es muy recurrente por ser un fenómeno que amenaza la subsistencia de estas comunidades. No obstante, las medidas de encierro se vuelven difíciles de cumplir siendo que la subsistencia tiene horizontes temporales que no superan el día[2]. Muchas organizaciones han manifestado el daño ambiental, tráfico de especies protegidas y salvajes producto de la destrucción de bosques generan este tipo de pandemias.

Varios países como Argentina, Perú y Ecuador entre otros han implementado medidas para restringir el contacto social. Colombia y Australia, por ejemplo, restringieron totalmente el ingreso de personas ajenas a las zonas donde habitan comunidades indígenas. Si bien encuentran imposible el cumplimiento del aislamiento, muchas comunidades se han atrincherado y aislado respecto de foráneos, organizándose para buscar provisiones necesarias fuera de la comunidad. En el caso de Brasil, por ejemplo, que no se implementaron medidas, agrupaciones como la COICA que representa indígenas amazónicos en 9 países reclaman la restricción del acceso.

En lo que respecta a las medidas de aislamiento impuestas por los gobiernos, mencionábamos anteriormente que es difícil de acatar completamente dado estas poblaciones no tienen capacidad de ahorro y su método de subsistencia requiere del trabajo diario. En algunos casos se ha manifestado mucho temor por las fuerzas policiales dado que en epidemias anteriores se ha ejercido mucha brutalidad para evitar los contagios. Asimismo, algunos productos de necesidad básica provisto por el estado podrían verse afectados por las medidas.

En cuanto a las consecuencias económicas vemos que la población indígena es la más vulnerable. Como mencionábamos, los indígenas poseen empleos de menor calificación y mayor inestabilidad que sufren peores consecuencias ante los impactos económicos. En el caso de países como Argentina que implementó una cuarentena muy estricta, aquellos que ejercían actividades de carácter ocasional, que garantizan la mínima subsistencia, han quedado sin posibilidad de trabajar. Así también, de acuerdo a la CEPAL la actividad más afectada es el turismo lo cual tendrá grandes consecuencias las comunidades indígenas de países como Perú y México que desarrollan actividades turísticas. 

 

 

Estadísticas interactivas sobre el impacto:

Estadísticas de casos:

 

 

[1] Declaración americana sobre los derechos de los pueblos indígenas, Declaración de las Naciones Unidas sobre los derechos de los pueblos indígenas; Convenio sobre pueblos indígenas y tribales, 1989 (núm. 169), Convenio sobre diversidad biológica (ONU) 1992.

[2] En las comunidades del Gran Chaco se han manifestado diversos referentes preocupados porque este año han ocurrido un número muy alto de muertes por desnutrición. La pandemia los encuentra en un momento de gran vulnerabilidad.

 

 

 

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