La inversión en primera infancia y juventud es vital para el desarrollo futuro de Panamá

12 feb 2014

imageYOUTH IN PANAMA (CREDIT: UNDP PANAMA)

Para construir un futuro sin brechas de desarrollo humano y con equidad Panamá requiere invertir más y mejor en la formación cognitiva y socioemocional de los niños, niñas y jóvenes, a través de prácticas parentales que fomenten las capacidades desde la infancia y se vinculen a políticas públicas destinadas a ampliar las oportunidades de las personas. Esta es la principal conclusión del nuevo Informe Nacional de Desarrollo Humano de Panamá (INDH) 2014, ¡El futuro es ahora! Primera infancia, juventud y formación de capacidades para la vida, presentado hoy por el Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD). Tras demostrar la importancia crítica que representa para el desarrollo de Panamá invertir en primera infancia y jóvenes, el Informe hace un llamado para tomar acciones urgentes.

Si bien Panamá es uno de los países económicamente mejor dotados de América Latina, la juventud enfrenta desafíos de formación que podrán representar un serio obstáculo para su propia inserción laboral y el desenvolvimiento en la vida, con un consiguiente impacto en el desarrollo del país. En una economía dinámica, el rápido cambio en las demandas del mercado laboral contrasta con la baja oferta de formación para el trabajo. Pero los desafíos para Panamá comienzan mucho antes que la juventud. Diversas investigaciones demuestran que la formación en los primeros años es clave para toda la vida de las personas. Aunque los datos del Ministerio de Educación indican que el país tiene una alta cobertura en educación primaria, resulta imperioso acentuar la formación en primera infancia: actualmente sólo 64.4% de los niños y niñas acude al preescolar, una instancia relevante en la formación de las personas.

“Formar a las personas es formar al país. Esta es la idea simple pero poderosa que desde el PNUD queremos poner a consideración de los panameños y las panameñas. Formar a las personas significa que sean capaces de una vida más plenamente humana, que puedan realizar su potencial en todos los ámbitos y aportar al bien común desde todos los papeles que cumplen dentro del orden social”, explicó la Representante Residente del PNUD, Kim Bolduc. “Por eso, en este Informe hablamos de formación de capacidades para la vida, de niñas, niños y jóvenes que al mismo tiempo sean protagonistas y beneficiarios del desarrollo nacional, que construyan y habiten el Panamá que queremos”, agregó Bolduc.

La investigación revela brechas de desarrollo que se acentúan en aquellos niños entre los cero y seis años de edad que no reciben estímulos físicos y/o psicoemocionales de sus cuidadores o personas que los acompañan en su desarrollo inicial. Estas brechas son aún mayores cuando el entorno familiar se encuentra en condición de pobreza, toda vez que durante los primeros meses de vida el desarrollo de los bebés depende también de la infraestructura del hogar donde viven, principalmente de la disponibilidad de agua potable y electricidad.

El informe indica que la situación de los niños y niñas que desde muy temprano no adquieren conocimientos básicos está relacionada con su estructura familiar, con las prácticas parentales y con el ingreso de los hogares. De forma semejante, otros instrumentos de medición que se aplicaron para el estudio muestran cómo la falta de involucramiento de los cuidadores(as) en la vida de los niños y niñas tiene un impacto significativo en su desarrollo.

Algunos datos son muy representativos. La investigación revela que hay pocos libros en los hogares panameños. Un 26% de los niños y niñas no tienen ni siquiera un libro con ilustraciones en su hogar. Al 45% de los niños y niñas de 4 a 5 años y 11 meses no se les lee ningún libro por mes en casa. En tanto, de los niños entre 4 a 5 años y 11 meses de edad, 67% no escribe su nombre y 33% no escribe ninguna letra, lo cual afecta su logro en los primeros años de escuela.

En los resultados concernientes a la juventud, el informe indica que en el promedio de las pruebas de conocimiento o cognitivas realizadas el 87% de los jóvenes tuvieron puntuaciones por debajo de 6 (en una escala de 1 a 10 puntos). Sólo 13% lograron más de 6 puntos. Las mujeres jóvenes presentaron mejores resultados que los hombres de sus mismas edades en estas pruebas, pero desafortunadamente una de cada tres mujeres entre 15 y 19 años de edad abandonó la escuela sin terminar la secundaria para dedicarse a las tareas domésticas.

Las cifras sobre empleo también enseñan el desafío que enfrenta el país. La investigación arrojó que el 48.2% de las y los jóvenes entre 15 y 24 años que trabajan están en la informalidad. Si bien ha aumentado la asistencia escolar de las personas entre 13 y 17 años, la deserción disminuyó ligeramente, la repitencia sigue siendo un factor a considerar y no existe una oferta suficiente de formación técnica y superior que resulte efectiva para personas que requieren una pronta inserción laboral.

El estudio concluye que el futuro de los jóvenes de Panamá sigue estando muy afectado por su contexto familiar, concretamente por el ingreso y la educación de la familia a la que pertenecen;  situación que se repite en los niños y niñas entre cero y seis años de edad, en donde se confirma una fuerte influencia de las prácticas parentales, la resiliencia o la capacidad de las familias de sobreponerse a las adversidades  y la falta de participación de los cuidadores(as) sobre el desarrollo de los infantes.

El futuro es ahora: acciones, propuestas y recomendaciones para acortar las brechas

Adicional al diagnóstico minucioso sobre la situación de la primera infancia y de la juventud en Panamá, el Informe Nacional de Desarrollo Humano realizado por el PNUD ofrece una serie de recomendaciones con acciones puntuales y articuladas dirigidas hacia la disminución de las brechas de desarrollo humano encontradas.

Para la primera infancia, el INDH sugiere incentivar e implementar las prácticas parentales positivas que promueven el desarrollo cognitivo y socioemocional, tales como el monitoreo positivo; la conducta ética; las expresiones afectivas; el diálogo o la comunicación positiva; el refuerzo y la disciplina adecuada. Adicional a ello, también se recomienda establecer un modelo de intervenciones coordinadas que incluyen atención e información a la familia y a la infancia, al igual que fortalecer los nexos entre familia y escuela.

Así mismo se sugiere la implementación de la visita domiciliaria, un modelo que ha sido puesto en práctica con éxito en otros países y el cual se constituye en una herramienta importante para institucionalizar la atención integral de las familias más vulnerables, al articular la prestación de servicios públicos esenciales como vacunas, asistencia escolar, registro civil, o información adecuada para los padres. Se trata de una estrategia de tipo preventivo para identificar y mitigar el impacto de factores de riesgo dentro de la familia, mediante el reconocimiento y el uso de sus recursos y los de la comunidad con miras al desarrollo infantil a largo plazo.

Para la juventud, el informe sugiere la puesta en marcha de una estrategia nacional que involucre a la propia juventud, incluyendo la promoción de sus aspiraciones, mediante procesos participativos. Paralelamente, se recomienda el establecimiento de un sistema educativo que profundice las conexiones entre el conocimiento cognitivo y el socioemocional, que vaya de la mano con un aumento en la inversión y el presupuesto dedicado a la formación profesional y técnica, aunado al desarrollo del arte, la ciencia  y la cultura, teniendo como eje en común una oferta variada para el uso del tiempo libre.

Cabe destacar que el INDH sugiere además acciones que no implican gran complejidad en su implementación, toda vez que gran parte del desarrollo cognitivo y socioemocional de niños, niñas y jóvenes depende de las prácticas parentales y exhorta a que dentro de los hogares, las familias deben invertir más en actividades conjuntas con sus niños y niñas y en la introducción de reglas y rutinas, ya que éstas promueven el desarrollo infantil.

El informe señala que si bien las inversiones de largo plazo que ha realizado Panamá en su primera infancia deben ser vistas como una señal de un futuro promisorio, en contraste la misma elaboración y articulación no existe en la formulación o implementación de políticas para juventud. En tal sentido, el INDH sugiere moldear una política nacional de juventud sobe la base de la visión integral de Desarrollo Humano.

A modo de reflexión, el documento destaca que múltiples estudios confirman que algunos de los problemas críticos que enfrenta la población adulta, bien sean de salud mental, de enfermedad cardíaca, obesidad, dificultades de lectura, escritura, habilidad numérica, falta de ética o criminalidad, por mencionar algunos, tienen sus raíces en la primera infancia.

A la presentación realizada hoy del Informe Nacional de Desarrollo Humano, elaborado por el PNUD, acudió el ministro de Relaciones Exteriores, Francisco Álvarez De Soto, la primera dama de la República, Marta Linares de Martinelli, autoridades del Gobierno Nacional, así como miembros del cuerpo diplomático, directores de gremios empresariales, entidades académicas, organizaciones no gubernamentales y de la sociedad civil.

La exposición principal estuvo a cargo del reconocido analista e investigador brasileño, Flavio Comim, coordinador académico del informe.  Tras su presentación, se realizó un panel de análisis con la participación de reconocidas figuras del ámbito nacional e internacional vinculadas a los temas de primera infancia, juventud y la creación de capacidades para la vida, tales como: Laura Flores, representante del Fondo de Población de las Naciones Unidas; Edwin Cabrera, analista y comunicador;  Yaritza Espinoza, abogada;  Virginia Barreiro de la organización Jóvenes Unidos por el Diálogo y Julio Escobar.

IDH Panama
Informe completo (en español)

Diversas investigaciones demuestran que la formación en los primeros años es clave para toda la vida de las personas. El estudio concluye que el futuro de los jóvenes de Panamá sigue estando muy afectado por su contexto familiar, concretamente por el ingreso y la educación de la familia a la que pertenecen;  situación que se repite en los niños y niñas entre cero y seis años de edad, en donde se confirma una fuerte influencia de las prácticas parentales, la resiliencia o la capacidad de las familias de sobreponerse a las adversidades  y la falta de participación de los cuidadores(as) sobre el desarrollo de los infantes.

Resumen ejecutivo (en español)
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