El Salvador siembra las semillas de la paz

GIOVANNI TRABAJA EN EL INVERNADERO. FOTO: MAURICIO MARTÍNEZ / PNUD EL SALVADOR
GIOVANNI TRABAJA EN EL INVERNADERO. FOTO: MAURICIO MARTÍNEZ / PNUD EL SALVADOR

El rostro de Giovanni se suaviza debajo de los tatuajes de su pandilla. El joven de 23 años está en el invernadero, inclinado sobre una hilera de pimientos. Sus dedos los revisan cuidadosamente y limpia la maleza.

“Antes, mi vida era un desastre”, confiesa Giovanni. “Ahora tengo mucho que hacer, no tengo tiempo de molestar a los demás.”

No hace mucho tiempo, Giovanni se ganaba la vida en la calle. Había formado parte de una de las pandillas más violentas de El Salvador. Con el aumento de la violencia de las pandillas, se considera que ese país es el más violento del mundo, con la tasa de homicidios dos veces más alta que la de otros países latinoamericanos.

Sin embargo, en un barrio de Santa Tecla anteriormente considerado demasiado peligroso hasta para la policía, los jóvenes encuentran opciones distintas a la delincuencia gracias a un proyecto que recibe asistencia del PNUD. Los participantes aprenden los fundamentos básicos de administración de pequeños negocios; en este caso, plantar y comercializar cultivos que crecen en pequeños terrenos urbanos y se pueden vender en verdulerías locales.

Giovanni es uno de los 180 jóvenes beneficiarios que participan en el proyecto “Jóvenes empresarios en ciudades seguras”. El proyecto tiene como objetivo proveer a aquellos en situaciones en riesgo opciones distintas de generar ingresos y ayudarlos a integrarse de una manera productiva en las comunidades y la sociedad. El 97 por ciento de los participantes del proyecto tienen empleo o han iniciado sus propias pequeñas empresas.

Desde 2007 el PNUD apoya a los funcionarios a desarrollar observatorios municipales para rastrear y analizar las estadísticas de crímenes. A través de esta información para diagnosticar áreas problemáticas, el PNUD ha alentado a las autoridades locales y miembros de la comunidad a trabajar juntos para reducir las tensiones y mejorar los espacios públicos.

El restablecimiento de las zonas abandonadas, la policía de proximidad, los mecanismos de mediación comunitaria y los programas de reintegración para jóvenes son algunas de las distintas medidas que en ciertos casos han permitido reducir la delincuencia hasta en un 45 por ciento.

“En el país, la intervención del PNUD ha comenzado a marcar una diferencia y ha contribuido al declive en general de la violencia,” dice Marcela Smutt, coordinadora de la Zona de Gobernanza Democrática del  PNUD en El Salvador. “En varias ciudades, entre 2009 y 2013, la tasa de homicidios se ha reducido hasta en un 60%. Por ejemplo, han bajado a un 57 por ciento en Santa Tecla, un 86 por ciento en Sonsonate y un 34 por ciento en San Salvador.”

El rápido éxito de estas experiencias convenció al Gobierno nacional de adoptar su primera política nacional de justicia, seguridad y coexistencia pacífica en 2010. En 2012 contaba con una amplia estrategia de prevención para los municipios que extenderá el trabajo desarrollado por el PNUD. Se han reforzado las leyes sobre armas, y las agencias gubernamentales ahora tienen la información y los medios para mejor aplicar las prohibiciones de armas.

Giovanni sabe que El Salvador tiene mucho por hacer. Por primera vez, un trabajo digno y un ingreso legal lo hacen sentir responsable por el futuro. “Quiero que mi hijo sea todo lo contrario a mí: que tenga un título, que use traje y corbata y sepa que estoy orgulloso de él.”

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Mientras que en la mayoría de los países de América Latina la pobreza y la desigualdad disminuyeron en el periodo de 2004-2010, en más de la mitad de los países analizados la tasa de homicidio aumentó, incluso en aquellos países con menores niveles de pobreza.

 

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