Guatemala: Una madre puede descansa en paz 31 años después de su muerte


MARIO GARCÍA FRENTE A LA URNA QUE CONTIENE LOS RESTOS DE MARTINA ROJAS, SU MADRE, QUE DESAPARECIÓ EN MAYO DE 1982. (FOTO: LUCY TURNER, PNUD GUATEMALA)

En Guatemala, el PNUD está ayudando a las familias que cuentan con alguno de sus integrantes dentro de los más de 45,000 desaparecidos para descubrir cuál fue el destino de éstos seres queridos.

Aspectos Destacados

  • La guerra civil de Guatemala dejó un saldo de más de 200 000 víctimas y más de 45 000 "desaparecidos", entre ellos, alrededor de 5000 niños. Un 93% de las atrocidades fueron perpetradas por el ejército.
  • El PNUD planea invertir USD 36 millones entre 2010 y 2014 para financiar la justicia transicional en Guatemala.
  • 200 víctimas ya han sido identificadas gracias a la colaboración del PNUD con los programas de identificación de ADN.

El murmullo de los cánticos y el aroma del incienso impregnan el aire de una pequeña iglesia en Rabinal, a unos 50 km de la ciudad de Guatemala. Se está llevando a cabo un funeral Maya-Achi, en el que amigos y familiares despiden a Martina Rojas, una mujer reconocida y querida en su comunidad.

Sin embargo, el funeral se está llevando a cabo más de treinta años después de su muerte.

En mayo de 1982, las fuerzas de seguridad detuvieron y asesinaron a Martina Rojas por oponerse públicamente a un proyecto de energía hidráulica. Desapareció y fue enterrada en una tumba sin nombre. Su familia nunca más supo de ella hasta hace poco, cuando un programa respaldado por el PNUD identificó sus restos.

"Mi experiencia ha sido verdaderamente dolorosa. Fue muy difícil para mí separarme de mi madre. Mataron a muchos integrantes de mi familia y a varios vecinos, y se llevaron a otras personas a la zona militar de Cobán", comenta Mario García, el hijo de Martina Rojas, quien aún era muy joven cuando el ejército se llevó a su madre, a unos sobrinos.

La asistencia ofrecida por el PNUD a la Fundación de Antropología Forense de Guatemala y a la Oficina del Fiscal está ayudando a García, y a muchas otras personas, a darle un cierre a sus historias de vida y a averiguar lo que sucedió con sus parientes, asesinados por las fuerzas del gobierno durante el conflicto que se extendió entre 1965 y 1996 en Guatemala. Aunque ya se han identificado a más de 200 000 personas asesinadas, aún quedan 45 000 desaparecidos.

Durante más de 13 años, el PNUD ha colaborado con la Fundación capacitando a sus miembros para exhumar cientos de cuerpos no identificados, desarrollar una sólida base de datos genética (que ahora contiene cientos de muestras de ADN procesadas para comparar) y llevar a cabo campañas de información pública nacionales dirigidas a los integrantes de las familias. Esta iniciativa ha permitido identificar a 200 víctimas hasta el momento.

Aunque es fundamental el respaldo legal y psicosocial que se ofrece a las familias de las víctimas (incluso la ayuda para llevar a cabo los funerales), las exhumaciones también contribuyen de manera significativa en las investigaciones penales de la División de Derechos Humanos de la Oficina del Fiscal General. A principios de 2012, una antigua base militar en Cobán (la región montañosa central de Guatemala) se convirtió en el foco de las investigaciones forenses y, hasta el momento, se han encontrado al menos 535 restos de esqueletos. Muchas de estas víctimas tenían los ojos vendados, estaban amordazadas o tenían las manos y los pies atados. Asimismo, se han encontrado evidencias de heridas de balas y de machetes.

"El valor legal de este tipo de pruebas confirma al 100 % las narraciones de las víctimas", explica Hilda Pineda, directora de la Unidad de Conflictos Armados Internos de la Oficina del Fiscal General de Guatemala. "Con estas pruebas, podemos reducir ampliamente las probabilidades de exoneración de los culpables y lograr justicia para las víctimas de estos crímenes de lesa humanidad".

El PNUD considera que este trabajo aporta esperanza a los integrantes de las familias que se enfrentan a la insoportable incertidumbre de no saber lo que sucedió con sus seres queridos. "Este trabajo es muy importante, especialmente para los niños. Finalmente, conocen el destino de sus padres y tienen la oportunidad de velar y sepultar sus cuerpos. Esto ha motivado a otras personas a acercarse, a contar su historia, y a incluir su ADN en la base de datos. Pero, principalmente, está ayudando a fortalecer el Estado de derecho en Guatemala. La evidencia es traumática, pero no puede negarse, y está ayudando al país a enfrentar su pasado, a curar sus heridas y a consolidar la paz", comenta Lucy Turner, del PNUD.

Elvia Cac Ican tenía cuatro años cuando el ejército detuvo a su padre, lo asesinó y enterró sus restos en una tumba anónima. Ahora se siente orgullosa de darle finalmente a su padre un funeral adecuado. "Queremos incentivar a otras víctimas a ofrecer su ADN para que sus seres queridos puedan ser identificados. Estamos hablando de seres humanos, no de animales que simplemente hay que enterrar", agrega.

Mario García asiente. "Después de la masacre, mi mujer y yo luchamos por sobrevivir. Nos escondimos en las montañas durante dos años, junto a otros sobrevivientes", comenta en la ceremonia de despedida de su madre. "Hoy estoy contento. Quiero felicitar y agradecer a todas las organizaciones involucradas, porque a través de ellas he podido encontrar a mi madre, algo que nunca habría logrado sin ayuda".