Comunidades al cuidado del agua y la biodiversidad en Colombia

Foto: PNUD Colombia

Como la mayoría de los campesinos del departamento de Nariño, al sur de Colombia, Ovidio Potosí comienza su día antes de que salga el sol. En su finca “San Antonio” produce y vende frutas y verduras para garantizar la educación de sus dos hijos, que ya están en la universidad.

La finca se ubica en El Encano, una población de seis mil habitantes a la orilla de la laguna de La Cocha, puerta de entrada al Amazonas colombiano y habitada por comunidades campesinas e indígenas con una larga historia de organización social y trabajo comunitario. Sus paisajes y biodiversidad única convirtieron a esta zona de gran atractivo turístico en humedal Ramsar (de categoría mundial), fuente de agua y hogar de especies nativas.

Sin embargo, la creciente contaminación del agua preocupaba sobremanera a Ovidio y a las más de 3,800 familias que habitan en las microcuencas de El Encano y El Carrizo. El ingreso de ganado a los ríos que surten los acueductos, la ganadería extensiva y los monocultivos, sumado a la tala de bosques, deslizamientos de tierra y erosión en la orilla de las quebradas, ponían en riesgo las fuentes de agua de la que dependen las comunidades. 

Aspectos destacados

  • 3,858 familias tienen acceso a fuentes seguras de agua.
  • Comunidades llevaron a cabo un proceso de restauración ecológica participativa en 56 hectáreas estratégicas para la conservación de agua.
  • Se creó un portafolio de medidas de adaptación para aumentar la resiliencia a eventos relacionados con cambios climáticos extremos.
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Para hacer frente a este escenario, Ovidio y otros agricultores de la zona formaron parte del equipo que apoyó la implementación del proyecto Territorios sostenibles y adaptados, liderado por el PNUD y la Alcaldía de Pasto e implementado con el apoyo de la Asociación Gaica y La Asociación de Desarrollo Campesino (ADC). 

El proyecto evalúa la vulnerabilidad al cambio climático de las áreas adyacentes a la laguna y propone medidas de adaptación basadas en la conservación de los ecosistemas que garantizan la provisión de agua. El proyecto busca la difusión y conservación de la riqueza natural de este sitio y mejorar las condiciones de vida y la economía de las familias locales.

“El problema más fundamental fue aislar la quebrada, pues nuestras familias toman el agua de ahí y el ganado entraba y la ensuciaba (…) Uno va mirando el cambio en el clima y el agua es fundamental para la vida en el campo”, explica el agricultor.

A través del proyecto se realizó un análisis de vulnerabilidad de El Encano, lo cual permitió diseñar un portafolio de medidas de adaptación para aumentar la resiliencia a eventos relacionados con cambios climáticos extremos. Este portafolio consistió en el diseño de obras de bioingeniería, la implementación de herramientas de manejo del paisaje y el mejoramiento de los sistemas productivos de las fincas. Además, se llevó a cabo un proceso de restauración ecológica participativa en 56 hectáreas estratégicas para la conservación del agua.

“En primer lugar ayudamos a la socialización de proyecto con la comunidad y los líderes; luego nos escogieron por vereda y nosotros salimos favorecidos por nuestra cuenca en el río Funduyaco para motivar a la gente para que nos colabore, dejando 5 metros de cada lado del río para cercarlo con alambre y sembrar especies nativas”, dice Ovidio.

El trabajo con las comunidades campesinas e indígenas de la zona permitió crear lazos de solidaridad que se fortalecieron a través de “mingas” y procesos participativos, como la selección de las especies nativas que se sembraron en las áreas a restaurar y las herramientas de manejo establecidas en cada finca.

Las organizaciones locales y el equipo técnico del PNUD trabajaron en los procesos participativos con las comunidades. “Además de motivarnos a cambiar, nos ayudaban con una que otra cosa [huertas familiares, obras para evitar deslizamientos y cercas vivas, entre otros] para mejorar nuestras fincas. Eso fue muy importante porque a veces la gente es muy desconfiada; como yo los conocía, fue más fácil hablar con ellos y mostrarles que estábamos haciendo las cosas para toda la comunidad”, afirma Ovidio.

Mediante este proyecto “se logró un trabajo interinstitucional que permitió integrar elementos de sostenibilidad ambiental y territorial en los principales instrumentos de planeación del territorio, así como un proceso comunitario que se mantiene hasta hoy. Esta experiencia demuestra la capacidad que tienen las comunidades de trabajar de manera articulada para establecer cambios en su interacción con la naturaleza y establecer un modelo de desarrollo sostenible para las generaciones futuras”, dice Jimena Puyana, Coordinadora del Área de Medio Ambiente el PNUD en Colombia.

“Lo principal que logramos es que la quebradita ya no se contamina (…). La gente estaba desmotivada, ya no se tenía verdura en las casas y se compraba; ahora nosotros mismos cultivamos nuestros alimentos y tenemos agua buena para los cultivos y la casa,” concluye Ovidio.