La integración de la gestión de riesgo y la acción por el clima para la resiliencia | Matilde Mordt and Ronald Jackson

14 nov 2017

 La temporada de huracanes del 2017 en el Caribe, con un número sin precedentes de tormentas tropicales y huracanes de alta intensidad, es precisamente evidencia de este fenómeno. Foto: PNUD

Desde hace tiempo, los científicos nos han alertado que la intensidad de las tormentas severas aumentaría a medida que las temperaturas subieran y que, además, se acortaría el tiempo entre estos eventos. La temporada de huracanes del 2017 en el Caribe, con un número sin precedentes de tormentas tropicales y huracanes de alta intensidad, es precisamente evidencia de este fenómeno.

Los resultados son trágicos, con pérdidas de vidas y devastación generalizada. En la Comunidad del Caribe (CARICOM) más de 160,000 personas han sido directamente afectadas y otros tantos han sufrido los efectos indirectos. El caso de Dominica muestra el poder abrumador de estas tormentas: las pérdidas en los sectores económicos claves como el turismo y la agricultura se calculan en un 100 por ciento. El impacto del huracán María e Irma en todos los países afectados no es simplemente indicador de que el cambio climático está causando tormentas más poderosas; es también un recordatorio de la vulnerabilidad y del riesgo latente al que está expuesto el Caribe.

La Agencia Caribeña para el Manejo de Emergencias en Desastres (CDEMA) y el Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD) han unido esfuerzos en el Caribe para construir una mayor resiliencia. CDEMA y el PNUD reconocen que se requiere desarrollar un marco conceptual apropiado para integrar la gestión de riesgo dentro de un contexto de desarrollo, en el cual el cambio climático se considera un catalizador del riesgo y donde las políticas e inversiones claves se dirigen a abordar las causas subyacentes de este riesgo.

En el contexto actual, CDEMA y PNUD colaboran en la promoción de sistemas de alerta temprana centrados en las personas, el fortalecimiento de plataformas de información de riesgo, la creación de resiliencia comunitaria y la promoción de la Cooperación Sur-Sur para transferir buenas prácticas sobre la gestión integrada de riesgos. Somos conscientes de que los efectos esperados de un clima cambiante requerirán una respuesta enérgica, coordinada e integrada de todos los actores.

Existe una necesidad de interrelacionar las diferentes agendas de desarrollo, incluyendo marcos internacionales tales como la Agenda 2030 para el Desarrollo Sostenible, el Acuerdo de París y el Marco de Sendai para la Reducción del Riesgo de Desastres. Estas agendas globales se refuerzan mutuamente. Sin embargo, se necesita pasar de un enfoque tradicional de respuesta a los desastres a uno que tenga en cuenta las causas sociales subyacentes del riesgo - los impulsores del riesgo y los modelos de desarrollo insostenibles - para lograr una transformación real que reduzca la vulnerabilidad, la pobreza y la exclusión.

Los gobiernos en todos los niveles deben trabajar juntos de manera integrada, facilitando el conocimiento sobre riesgos, aprovechando oportunidades para mejoras y promocionado una educación que empodere a las poblaciones para tomar las decisiones adecuadas para su protección.

La devastación causada por los huracanes en el Caribe en los últimos meses ha servido para resaltar el desafío por delante. Reconstruir de mejor manera es la única opción para estas naciones del Caribe. Para aumentar la resiliencia se requiere un equilibrio entre el conocimiento, las medidas de control y los mecanismos de gobernanza. Deberán tomarse decisiones difíciles sobre como se gestiona el desarrollo económico y el uso de la tierra. Herramientas como incentivos fiscales, seguros y normas de construcción, pueden fomentar prácticas responsables que reducen los riesgos y disuaden las prácticas que aumentan los riesgos.

Alianzas como la que existe entre CDEMA y PNUD son cruciales para el fortalecimiento de capacidades que conduzcan a una plataforma sólida para construir resiliencia. La experiencia específica de cada socio se aprovecha y complementa con el otro, lo que permite que la alianza ofrezca una forma más coherente de apoyo y responda a una gama más amplia de demandas de lo que uno solo podría atender.

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