Para combatir el Zika, hay que combatir la pobreza y la desigualdad | Jessica Faieta y Magdy Martínez-Solimán

06 abr 2017

 Más allá de los costos económicos, el virus Zika tiene el potencial de ampliar las desigualdades de género y salud. Foto: UNICEF

Marta y João viven en un pequeño pueblo en el estado de Paraíba, Brasil. Marta embarazada de su quinto hijo mostró síntomas del Zika. Su embarazo se desarrolló sin mayor incidente, pero una ecografía a los ocho meses mostró síntomas de microcefalia. Marta recuerda: "La enfermera y el médico me dijeron que no me preocupara, que sería normal. Pero estaba preocupada”.

Su miedo se volvió un hecho cuando Luiz nació. "No esperábamos que esto pudiera suceder por la picadura de un mosquito. El impacto sigue siendo enorme". A los siete meses, Luiz requiere atención constante. Sin certeza de que podrá caminar o hablar en el futuro, las preocupaciones de Marta y João se agravan por problemas financieros. "Espero poder volver a trabajar pronto", lamenta Marta. "Queremos comprar un cochecito para poner al bebé, porque no puede sentarse. De esa manera tendría un poco más de libertad. Pero no sabemos cuánto cuesta”.

La pareja no puede hacer planes a corto plazo para volver a sus puestos de trabajo, creando incertidumbre sobre su estabilidad financiera a pesar del apoyo que reciben del gobierno. Desafortunadamente, las batallas de Marta y João no son únicas. Los hogares pobres, como los de Marta y João, son más propensos a estar expuestos al virus y menos preparados para hacer frente a sus impactos.

El informe "Impacto socioeconómico del virus del Zika en América Latina y el Caribe: Brasil, Colombia y Surinam como estudios de caso"  del Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo y la Federación Internacional de Sociedades de la Cruz Roja y de la Media Luna Roja, muestra que el Zika es una enfermedad de la pobreza y la desigualdad. Aunque ya no se considera una emergencia de salud pública de interés internacional, el Zika sigue siendo una crisis en desarrollo. No hay ninguna vacuna lista, y el número de bebés nacidos con defectos congénitos, ahora denominado “Síndrome congénito del Zika" sigue creciendo. Los impactos son de por vida.

Los gobiernos de América Latina y el Caribe están respondiendo a la epidemia en el contexto de una recesión económica en toda la región, justo cuando se necesita un énfasis y un compromiso renovados para asegurar que las ganancias de desarrollo difícilmente ganadas no se reviertan. El informe sostiene que la inacción no es una opción.

Se utilizaron tres escenarios diferentes con tasas variables de infección del virus para hacer estimaciones de los costos a corto y largo plazo de la epidemia del Zika - que incluyen los costos de diagnóstico y de salud, la pérdida de ingresos turísticos, perdida de la productividad laboral por  los cuidadores que deben abandonar sus trabajos y los costos a largo plazo de las discapacidades -. En el mejor de los casos, el costo de la actual epidemia de Zika se estima en 7 mil millones dólares en el curso de tres años, pero podría ascender a 18 mil millones en el peor de los casos. Y se prevé un aproximado de 1 mil millones en costos adicionales por cada aumento del 5 por ciento en el número de personas infectadas.

Más allá de los costos económicos, el virus Zika tiene el potencial de ampliar las desigualdades de género y salud. La evidencia indica que las mujeres en la región están intentando cada vez más terminar sus embarazos, sin importar las leyes restrictivas; arriesgan sus vidas y salud en el proceso. Las mujeres que ya ganan menos y están sobre-representadas entre los pobres y desempleados. Esta desigualdad podría crecer, en parte, debido a la demanda desproporcionada de que las mujeres y las niñas dejen de trabajar y sirvan como cuidadoras de los familiares afectados.

El informe hace un llamado para crear respuestas interrelacionadas a los impactos sociales y económicos del Zika. Insiste en una acción de amplio alcance para combatir las enfermedades transmitidas por mosquitos, ya que los factores que determinan la vulnerabilidad están más allá del sector de la salud: la vivienda, el saneamiento, la desigualdad de género, la situación socioeconómica y la infraestructura urbana influyen en el riesgo de infección. Algunos de los sistemas de protección social más débiles están soportando los costos más altos, y las mujeres están llevando la mayor parte de esa carga. Sin embargo, los ajustes y fortalecimiento de estos sistemas de protección social son esenciales para que las mujeres afectadas y sus familias no se queden atrás.

El informe también recomienda que los ministerios de salud aumenten el compromiso con otros ministerios competentes, instituciones nacionales y partes interesadas, incluida la sociedad civil, las organizaciones internacionales, las comunidades afectadas y el sector privado. Estas respuestas multisectoriales han demostrado ser eficaces para responder a las epidemias de malaria en África. Asimismo, se ha demostrado que la participación comunitaria en la lucha contra el dengue reduce tanto la densidad de mosquitos como la transmisión del virus.

La epidemia del Zika proporciona una visión valiosa: para prepararse y responder a las enfermedades infecciosas emergentes, la salud y otros objetivos de desarrollo deben ser abordados juntos. Si queremos mejorar las condiciones de las familias en situación de pobreza, pero no abordamos la desigualdad de género y no reconocemos el impacto que los entornos urbanos de baja calidad tienen en la propagación de la enfermedad, entonces la salud pública estará cada vez más en riesgo así como el progreso social y económico. Todo seguirá siendo precario.

Para Marta y João, las luchas diarias continuarán. El Zika nos recuerda que todos los países y pueblos siguen siendo vulnerables a enfermedades infecciosas emergentes y que una enfermedad que afecta principalmente a las poblaciones más pobres tiene amplias repercusiones sociales y económicas para comunidades, regiones y naciones enteras.

Este artículo fue publicado originalmente en Huffington Post.

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