Un día histórico en Colombia | Martín Santiago

26 sep 2016

 La experiencia nos demuestra que no es suficiente firmar la paz; que construir paz, y más aún, hacer las paces son procesos de arduo trabajo. Foto: PNUD Colombia

La familia de Betsaida abandonó su casa propia y un pequeño comercio en el puerto de Tumaco, en el Pacífico de Colombia, y se vio arrastrada en el camino de los desplazados que han tenido que seguir cerca de 7 millones de colombianas y colombianos como consecuencia del conflicto armado. 

Su historia, y la de millones de víctimas de la guerra, se encuentra al centro de lo que es y hace la Organización de las Naciones Unidas. Setenta y un años después de su creación, la aspiración universal de poner fin a la guerra, reafirmar los derechos humanos fundamentales y promover el progreso social continúa latente y más crucial que nunca.

A pesar de los avances que conocimos en el último cuarto de siglo en el que logramos una disminución importante de los conflictos armados, en los últimos cuatro años hemos sufrido graves reveses:  el número de guerras civiles y los ataques de parte de gobiernos y grupos armados contra civiles han aumentado por primera vez desde 2005.  Más de cincuenta millones de personas -el número más alto registrado en la historia-  han sido desarraigadas de sus hogares en el mundo como consecuencia de conflictos armados.

En la adversidad de las tragedias humanas, el Acuerdo de Paz que el Gobierno de Colombia y las FARC-EP se alistan a firmar hoy reviste gran significación para Colombia y para el mundo.  Con él, se materializa la posibilidad de poner fin a 52 años de guerra en Colombia y al flagelo de la violencia política armada de todo el continente americano.  Ante este faro de esperanza, el Sistema de Naciones Unidas en Colombia rinde un homenaje a las víctimas del conflicto, y a las y los colombianos que han luchado día a día por la construcción de una Colombia en paz.   

Tenemos el privilegio de acompañar este momento crucial de la historia, y ante la emoción, me invade también un sentimiento de profunda solemnidad, característico de esos momentos históricos que nos interpelan y exhortan a avanzar en la realización del propósito al que nos debemos:  que la paz se traduzca en la ampliación real de las libertades humanas de todas y todos, y en particular de los grupos más gravemente afectados por el conflicto y que han quedado al margen del desarrollo: la población rural, campesinos, mujeres, indígenas, jóvenes, afrocolombianos y desplazados. 

La experiencia nos demuestra que no es suficiente firmar la paz; que construir paz, y más aún, hacer las paces son procesos de arduo trabajo.  El compromiso del Sistema de Naciones Unidas en Colombia es trabajar sin descanso, junto a los actores nacionales públicos y privados, para que Betsaida y miles de familias como la suya reestablezcan sus medios de vida y puedan realizarse en igualdad de oportunidades; para generar procesos de reconciliación y desarrollo sostenible que contribuyan a cerrar las brechas al origen del conflicto; para que cada comunidad y municipio sea protagonista en la construcción de la paz.

La perspectiva de una Colombia en paz nos invita a emprender el camino con paso firme y decidido sobre la base de la reparación a las víctimas, de una democracia inclusiva y de un desarrollo más equitativo en el que nadie se quede atrás.