UNGASS sobre Drogas: expectativas, coherencia y desarrollo sostenible | Javier Sagredo

04 may 2016

 El documento final de UNGASS 2016 reconoce "que los esfuerzos para alcanzar los Objetivos de Desarrollo Sostenible y aquellos para resolver eficazmente el problema mundial de las drogas son complementarios y se refuerzan mutuamente. Foto: Javier Sagredo / PNUD

La sabiduría popular defiende que uno de los secretos de la felicidad es el manejo adecuado de nuestras expectativas que nos evite decepciones innecesarias, sin dejar de seguir luchando por cambiar aquellos aspectos de la realidad que no nos gustan.

La sesión especial de la Asamblea General de las Naciones Unidas sobre las drogas (UNGASS) se reunió en Nueva York durante el pasado mes de abril, y, al igual que las anteriores, ha aprobado un documento final que casa perfectamente con las remotas posibilidades de llegar a un consenso universal significativo sobre una cuestión tan compleja como la vida misma. Un producto final "descafeinado", basado en un mínimo común denominador, no puede satisfacer a todo el mundo, sobre todo a aquellos que tenían grandes esperanzas en una reforma, profunda o incluso modesta, del marco internacional de control de drogas.

Sin embargo, muchos de los actores que han participado activamente en el proceso de discusión de esta UNGASS están de acuerdo en que los resultados más importantes se dieron en el proceso de debate en sí, debido a la participación activa de nuevas voces, principalmente de aquellas comunidades, grupos y poblaciones más afectados por la aplicación de las políticas de drogas que emanan del régimen internacional. Además, este debate ha permitido la emergencia de una mayor base de evidencia, así como una mayor conciencia y preocupación por las consecuencias negativas ("no intencionales", como las denominan algunos en un ejercicio de cínico eufemismo) de la ejecución de las políticas de drogas actuales.

En respuesta a las demandas de mayor participación de un mayor número de organismos de la ONU en el proceso de UNGASS, el Programa de Desarrollo de Naciones Unidas (PNUD) presentó, por primera vez, como también lo hicieron otros organismos y programas, un "documento de discusión" inicial que ofrece una amplia evidencia de los impactos negativos de las políticas de drogas sobre los objetivos de desarrollo sostenible, tales como la reducción de la pobreza y la desigualdad, la salud, los derechos humanos, el desarrollo económico, el empoderamiento de las mujeres, la gobernabilidad y el estado de derecho, el medio ambiente, y las prácticas tradicionales e indígenas. A lo largo del proceso de discusión, también hicieron lo mismo numerosas instancias de la sociedad civil, la academia y algunos gobiernos.

La interpretación de las convenciones internacionales sobre drogas a través de políticas y marcos legales nacionales, muchos de ellos basados en representaciones sociales de miedo, enfermedad, vicio y delincuencia respecto a aquellos que se vinculan con las drogas, ha generado, en muchos casos, mucho más daños que beneficios. Desde el lema de "un mundo sin drogas, Sí se puede !!" y ​​la implementación de políticas a través de enfoques hegemónicos anclados en la represión, la exclusión social y la exigencia de abstinencia, los efectos han sido extremadamente cáusticos para muchos territorios, comunidades e individuos afectados por la dinámica de la guerra contra las drogas. Y, dentro de este marco de políticas tradicionales, poco se ha hecho para cerrar los ciclos de recuperación en los ámbitos de la salud o de justicia, convirtiendo, para muchos afectados, nuestras prisiones o "centros de tratamiento" en oscuros agujeros de abuso e impunidad sin ningún atisbo de "reinserción "en sociedades en las que nunca estuvieron incluidos. La consideración de aquellas personas relacionadas con las drogas (usuarios, mulas, campesinos o pequeños distribuidores) no ofrece ningún interés para muchos responsables políticos que responden con una hiper-sensibilidad extrema a las demandas electoralistas de mayor seguridad y control con soluciones de "pornografía penal" (tal y como las denomina el sociólogo francés Loïc Wacquant, debido su carácter repetitivo, mecánico, uniforme y predecible, "con el expreso propósito de ser exhibidas y observadas"). Este enfoque ha generado enormes costos y dificultades para el funcionamiento adecuado de nuestros sistemas de justicia y penitenciarios, un aumento en las muertes, la violencia, las enfermedades y los abusos a los derechos humanos, así como una enorme desesperación y sufrimiento de aquellas personas atrapadas dentro de este ciclo.

Si añadimos a esta ecuación la existencia, en muchos de los países afectados por problemas relacionados con las drogas, de vulnerabilidades estructurales enormes (pobreza, desigualdad), así como de una gobernabilidad débil o ausencia del Estado en amplias zonas rurales o urbanas, la existencia de fuerzas policiales o militares autoritarias protegidas por mantos de impunidad, o incluso situaciones de conflicto armado u otras crisis, añadidos a una falta de voluntad política que no permiten la inclusión económica y social de grandes porcentajes de la población, ya tenemos dadas las condiciones para una “tormenta perfecta”.

El pasado mes de septiembre, también en Nueva York, todos los Estados miembros de la ONU aprobaron la nueva Agenda para el Desarrollo Sostenible 2030, como un complejo plan de acción global que aborda nuestro futuro más próximo a través de 17 Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS) interconectados y 169 metas asociadas; se trata de un consenso global sobre las prioridades del desarrollo que debe ser contextualizado y adaptado a la realidad de cada país, territorio o comunidad. La superposición de este proceso con la discusión de la UNGASS ha abierto una oportunidad histórica para identificar una brújula que oriente el debate de las políticas sobre drogas. Y también una posibilidad excepcional para abrir el espacio político necesario que requiere la búsqueda de nuevas soluciones. Algo que podría ser utilizado por aquellos países que desean mejorar su política de drogas y mitigar su impacto negativo en el desarrollo humano.

Bajo los principios básicos de prevenir, de "no dañar" y con el objetivo de acelerar los objetivos de desarrollo, muchos gobiernos, y el conjunto de sus sociedades, deben empezar a preguntarse cómo sus políticas públicas (económicas, sociales, educativas, de salud, ambientales, de seguridad, de justicia, ¡y también las políticas de drogas !) puede ser más eficaces con el fin de conseguir colmar los ODS y sus metas, a través de un enfoque en las personas y sin dejar atrás a nadie, tal y como insiste la Agenda 2030. Una evaluación profunda y sincera de los actuales impactos negativos de las políticas de drogas en el desarrollo humano debe ser el primer paso hacia una reforma significativa, coherente y responsable de la política de drogas, como base para la construcción de nuevas soluciones. No podemos seguir insistiendo en metas basadas en el número de detenidos, encarcelados, en las cantidades de drogas incautadas, el las hectáreas de cultivos erradicados o en la abstinencia por encima de todo; al contrario, el foco debe ponerse en aquellos factores que nos permiten prosperar y tener un menú amplio de opciones de vida. Cuando el respeto a los derechos humanos, la salud pública, la educación de calidad para todos, la equidad de género, la seguridad ciudadana y la reducción de la violencia, la sostenibilidad ambiental o la inclusión económica y social se convierten en nuestros objetivos, también cambian nuestras perspectivas, así como los incentivos y los resultados de las políticas. El documento más reciente del PNUD sobre enfoques innovadores en política de drogas ofrece una muestra de ejemplos específicos de intervenciones que tratan de hacer frente a esas consecuencias perjudiciales de las políticas de drogas, a través del fomento del desarrollo humano y de la generación de un impacto positivo en las personas.

En su larga y enmarañada versión final, el documento final de UNGASS 2016 reconoce "que los esfuerzos para alcanzar los Objetivos de Desarrollo Sostenible y aquellos para resolver eficazmente el problema mundial de las drogas son complementarios y se refuerzan mutuamente" y apela a los Estados miembros a "considerar el fortalecimiento de una perspectiva de desarrollo como parte de las políticas y programas nacionales sobre drogas integrales, articulados y equilibrados".

Al menos, para aquellos países interesados, esta referencia abre un espacio para explorar nuevos caminos basados ​​en un enfoque de desarrollo sostenible, priorizando aquellos objetivos de la Agenda 2030 sobre aquellos de las políticas actuales,  y beneficiándose, al mismo tiempo, de la "flexibilidad suficiente para que los Estados partes diseñen e implementen políticas nacionales de drogas de acuerdo a sus prioridades y necesidades "que la discusión de UNGASS ha generado.

¿Será suficiente? Depende de nuestras expectativas.

Este artículo fue publicado originalmente en Penal Reform International

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