• La paz y la estabilidad deben ser temas centrales de la agenda de desarrollo mundial | Helen Clark

    26 sep 2013

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    MILES DE AFICIONADOS ASISTIERON A UN CONCIERTO EN VIVO EN BAUCAU, TIMOR-LESTE EL 9 DE OCTUBRE DE 2013, COMO PARTE DE UNA SERIE DE EVENTOS ORGANIZADOS POR LA CAMPAÑA NACIONAL DE MTV EXIT CONTRA LA TRATA DE PERSONAS. (FOTO: MARTINE PERRET/UN PHOTO)

    La semana pasada, los líderes mundiales se reunieron en la sede de las Naciones Unidas, en Nueva York, para dialogar, entre otros temas, acerca de una nueva agenda para el desarrollo mundial. Los ocho Objetivos de desarrollo del Milenio, que incluyen la erradicación de la pobreza extrema y el hambre, establecidos para cumplirse en 2015, representan para los estados miembros de las Naciones Unidas la oportunidad de elaborar nuevos proyectos que permitan delinear los objetivos de desarrollo en el futuro. Asimismo, la paz y la estabilidad serán los temas centrales del debate.

    En los países devastados por conflictos y catástrofes naturales, el tema del desarrollo se centra principalmente en la promoción del crecimiento económico y el progreso de determinados sectores sociales, como la salud y la educación. Con frecuencia, se ignoran los problemas fundamentales que garantizan una paz y una estabilidad duraderas, como el Estado de derecho y la justicia, la buena gobernanza, la cohesión social y la sostenibilidad económica y medioambiental.

    Para mi sorpresa, son numerosos los argumentos que se oponen a la iniciativa de incluir los principios de paz y de estabilidad en una nueva agenda para el desarrollo mundial. Uno de los argumentos más comunes sostiene que no existe relación entre la consolidación de una paz y una estabilidad duraderas y el proceso de desarrollo humano a largo plazo. Sin embargo, los principios de paz y de estabilidad no se encuentran fuera de los márgenes del desarrollo, sino que se complementan.

    La violencia no solo cobra numerosas vidas, sino además menoscaba la esencia misma de lo que representa la sociedad, dejando escuelas y hospitales destruidos y una población devastada con profundos daños físicos y psicológicos. Si nos remitimos a los hechos, nueve de cada diez países con los índices de desarrollo humano más bajos del mundo han padecido numerosos conflictos en los últimos 20 años, y cerca del 40 % de los países más vulnerables y que han salido recientemente de algún conflicto recidiva en menos de una década.

    Otro de los argumentos que escucho a menudo es que la combinación de la paz y de los esfuerzos de seguridad con las tareas de desarrollo puede poner en riesgo la soberanía nacional. La realidad es que una acción temprana destinada a analizar el origen de la crisis, como la desigualdad social o un acceso reducido a la justicia y a la seguridad, es fundamental para evitar que se produzca una escalada de tensiones latentes hacia un conflicto de mayor envergadura. Esperar la intervención de un consejo de seguridad en "circunstancias exepcionales" puede ser demasiado tarde para miles de personas.

    Mientras la violencia y los conflictos armados continuén cobrando vidas, destruyendo infraestructuras y despojando a los habitantes de oportunidades laborales, su poder más destructivo será el de desviar a los estados y a las sociedades de sus objetivos de desarrollo a largo plazo y de sus perspectivas de alcanzar un futuro mejor.

    Helen Clark 
    Administradora del Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo